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dijous, 30 de setembre de 2010

On the clear viol of her memory...

Giovan Francesco Barbieri "Guercino" (1591-1666), Susanna i els vells, 1617.
l
PETER QUINCE AT THE CLAVIER
l
I
l
Just as my fingers on these keys
make music, so the selfsame sounds
on my spirit make a music, too.
l
Music is feeling, then, not sound;
and thus it is that what I feel,
here in this room, desiring you,
l
thinking of your blue-shadowed silk,
is music. It is like the strain
waked in the elders by Susanna.
l
Of a green evening, clear and warm,
she bathed in her still garden, while
the red-eyed elders watching, felt
l
the basses of teir beings throb
in witching chords, and their thin blood
pulse pizzicati of Hosanna.
l
PETER QUINCE AL TECLADO
l
I
l
Así como mis dedos en las teclas
hacen música, así también los mismos
sonidos en mi espíritu hacen música.
l
Música es sentimiento, así pues, no sonido;
de la misma manera, lo que siento
en esta habitación, al desearte,
l
al pensar en tu oscura seda azul,
es música. Es lo mismo que el acorde
suscitado en los viejos por Susana.
l
En una tarde verde, clara y cálida,
se bañaba en su quieto jardín, mientras los viejos
de ojos rojos miraban, y sentían
l
latir los tonos graves de sus cuerpos
en coros embrujados, y en su sangre
pulsar los pizzicati de un Hosanna.
l
l
II
l
In the green water, clear and warm,
Susanna lay.
She searched
the touch of springs,
and found
concealed imaginings.
She sighed,
for so much melody.
l
Upon the bank, she stood
in the cool
of spent emotions.
She felt, among the leaves,
the dew
of old devotions.
l
She walked upon the grass,
still quavering.
The winds were like her maids,
on timid feet,
fetching her woven scarves,
yet wavering.
l
A breath upon her hand
muted on the night.
She turned -
a cymbal crashed,
and roaring horns.
l
II
l
Dentro del agua verde, clara y cálida,
yacía Susana.
Buscaba
el tacto de las fuentes,
y encontraba
fantasías ocultas.
Suspiraba
por tanta melodía.
l
En la orilla, se hallaba
inmersa en el frescor
de emociones extintas.
Sentía, entre las hojas,
el rocío
de viejas devociones.
l
Caminó por la hierba,
aún temblorosa.
Los aires fueron
igual que sus doncellas de pie tímido,
recogiendo sus chales enredados,
todavía indecisas.
l
Un aliento en su mano
enmudeció la noche.
Y al girarse
sonó el golpe de un címbalo,
y cornos rugidores.
l
l

III
l
Soon, with a noise like tambourines,
Came her attendant Byzantines.
l
They wondered why Susana cried
against the elders by her side;
l
and as they whispered, the refrain
was like a willow swept by rain.
l
Anon, their lamps' uplifted flame
revealed Susanna and her shame.
l
And then, the simpering Byzantines
fled, with a noise like tambourines.
l
III
l
Rápido, con un ruido de panderos,
llegaron sus sirvientas bizantinas.
l
Deseaban saber por qué gritó Susana
a los viejos que estaban a su lado.
l
Y como murmuraban, la canción
se parecía a un sauce barrido por la lluvia.
l
Después, las altas llamas de sus lámparas
mostraron a Susana y su vergüenza.
l
Y entonces, las ingenuas bizantinas
huyeron con un ruido de panderos.
l
l
IV
l
Beauty is momentary in the mind -
the fitful tracing of a portal;
but in the flesh it is immortal.
The body dies; the body's beauty lives.
So evenings die, in their green going,
a wave, interminably flowing.
So gardens die, their meek breath scenting
the cowl of winter, done repenting.
So maidens die, to the auroral
celebration of a maidens's choral.
Susanna's music touched the bawdy strings
of those white elders; but, escaping,
left only Death's ironic scraping.
Now, in its immortality, it plays
on the clear viol of her memory,
and makes a constant sacrament of praise.
l
IV
l
La belleza es fugaz en el epíritu:
el perfil impreciso de una puerta;
pero en la carne es inmortal.
El cuerpo muere; la belleza del cuerpo permanece.
Así mueren las tardes en su verde partida,
una ola que fluye interminablemente.
Así muere el jardín; con su aliento perfuma
el techo del invierno, arrepentido.
Así mueren las vírgenes, para la auroral
celebración del coro de una virgen.
El toque de Susana hizo sonar las cuerdas
impúdicas de aquellos viejos pálidos; huyendo, sin embargo,
sólo dejó el irónico rasgueo de la Muerte.
En su inmortalidad, esa música, ahora,
toca la clara viola de su memoria, y hace
constante sacramento de alabanza.
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Wallace Stevens (1879-1955), Harmonium, 1923 (el poema és de 1915). Traducció d'Andrés Sánchez Robayna.
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